Anticlasismo. Cita

La presencia del matadero se asocia específicamente con el aumento de la delincuencia: cuando el número de trabajadores en el matadero aumentó, la tasa de arrestos también lo hizo.

[…] Si bien es verdad que los animales pagan el precio final con su vida, los trabajadores del sector agropecuario son oprimidos por el mismo sistema que valora las ganancias económicas sobre todo lo demás. Muchos trabajadores no tienen voz para protestar contra de las atrocidades que se ven obligados a cometer todos los días.

Amy Fitzgerald, criminóloga

Imagen: Fondo blanco, texto el mismo que la cita. Parte superior: animal geométrico.

Clasismo-Anticlasismo

Clasismo es el prejuicio y discriminación basadas en la pertenencia o no a determinadas clases sociales. Según el diccionario de la RAE, es la actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social. Por lo general, un clasista asume su pertenencia a una u otra clase y obra en consecuencia para beneficiar los intereses de quienes son de su misma clase y en perjuicio de quienes no pertenecen a ella. 

Clasismo, especismo y el neoclasismo vegano

El clasismo es una de las tantas opresiones que campan tranquilamente por la sociedad y que pocas personas reparan en ella. Está tan normalizada que la mayoría de prejuicios clasistas se fomentan dentro de las clases más vulnerables y discriminadas.

El clasismo es menospreciar e ignorar los intereses de las clases más vulnerables poniendo por encima los intereses de quienes tienen mayor nivel adquisitivo o cultural.  Y el clasismo se alimenta del especismo y viceversa.

Desde la palabra capital que originalmente hacía referencia al número de cabezas de ganado que se poseía, hasta la forma de vivir y de mirar al otro. Es más que obvio que si eres una persona que pertenece a una clase alta tu forma de vivir y tu estilo de vida va a estar marcado por la opresión por un lado hacia las otras clases, en el hipotético caso de que haya más de una, parte de ese clasismo intrínseco también, y hacia el resto de especies. ¿Parece que la clase está marcada con hacer daño gratuito? Sí . Comer frutas, verduras y cereales es de pobres, por un lado porque, aunque los productos animales no cuestan lo que deberían costar, son más caros, esto hace que se asocie comer animales con mayor calidad de vida. El ocio está vinculado al uso y a la matanza de animales: hípica, carrera de caballos, de galgos, caza, tauromaquia,… Y en cuanto a vestimenta: plumas, seda, abrigos de piel, zapatos de piel de todos los animales posibles,…. Y en decoración: cabezas de animales, otras partes de sus cuerpos, alfombras de piel, marfil, plumas,…

En el sistema capitalista en el que vivimos, tenemos normalizada la competitividad y, siempre que se pueda, la forma más salvaje de esta. Una de las cosas que hacemos desde el privilegio es cosificar a quien no relacionamos con nosotros, de esta manera cosificamos al pobre, al marginado, al sin hogar, al resto de animales,… Porque eso es lo que hoy en día está relacionado con superioridad y desarrollo en una sociedad que se precipita sin frenos al neoliberalismo, convertir todo en mercancía y en objetos de consumo. 

Dentro del veganismo no nos escapamos. Si bien es cierto que los medios y algunos mensajes dan la sensación de que el veganismo es algo elitista y privilegiado, son bastantes personas veganas, o al menos las más influyentes, las que están bastante cómodas con la difusión de esta idea e incluso evitan relacionarse con activistas que vengan de barrios humildes, de pueblos, o que tengan una estética que pueda perjudicar su status. Hay muchos tipos de veganismo, pero adoptar uno que te ponga por encima del resto no es el correcto. 

El veganismo es justicia y no debemos olvidar que los animales no humanos son nuestra prioridad, pero al ser partícipes de otras opresiones, al ser partícipes del clasismo en este caso, estamos justificando la opresión hacia el resto de animales como cualquier otra, pues funcionan de la misma forma arbitraria.

Me despierto después de dormir…

Me despierto después de dormir más de diez horas. Tarde y con sensación de no haber dormido ni un par. Tengo cuatro cucharas hoy. Me levanto después de unos cuantos intentos. Tres cucharas. Me hago el desayuno, o más bien cojo una caja de cereales y un poco de leche de soja y bebiendo a morro lo mezclo en mi boca. Dos cucharas. Me visto y me lavo la cara. Una cuchara.

Ayer me comprometí a ir a una acción contra la industria cárnica. Con la última cuchara que me queda me borro de la lista de whatsapp.

Me siento una mierda. Otra vez ha pasado. Qué hago con mi tiempo, con mi vida. Por qué no puedo ser como los demás. Cuánto tiempo falta para la hora de dormir. Hoy no quiero seguir.

Cómo les explico a los animales que no tengo fuerzas, que no tengo energía, que me siento como si no sintiese nada excepto miedo a todo. Ninguna justificación les vale a ellos, pero hay un muro en mi puerta que no me deja salir a la calle.

He oído que no valen las excusas, que hablar por los animales en las redes sociales se queda corto, que eso no es activismo. Que tengo que esforzarme más, que, si yo sufro, “imagínate ellos”. No es la primera vez que escucho “hacía mucho que no te veía por aquí”. No es la primera vez que me caigo de una acción. No es la primera vez que tengo que irme de una manifestación por empezar a notar que mi corazón se sale por la boca.

Quiero y no puedo, y no es un no puedo pequeño, es un no puedo gigante, que me inunda la cabeza. No puedo. No puedo. No puedo. Es sólo una puerta hasta la calle y no puedo. Porque no es sólo una puerta.

@unconditionluvvv

Imagen: pequeño simio sentado sobre un tronco con la cabeza gacha.

Anticapacitismo. Cita

Es nuestro deber como activistas el revisar nuestros privilegios, estar en constante aprendizaje y deconstrucción ante cualquier tipo de opresión y no sentirnos cuestionades u ofendides cuando nuestres compañeres corrigen nuestras actitudes opresoras.

Luchemos por un movimiento antiespecista interseccional e inclusivo.

@unconditionluvvv

Capacitismo-Anticapacitismo

Desde el antiespecismo debemos ser conscientes de que existen más colectivos oprimidos bajo un mismo sistema hegemónico y de que estas opresiones están conectadas bajo el mismo eje de opresión estructural.

Así, Kimberlé Crenshaw fue la primera mujer que comenzó a hablar del concepto interseccionalidad, que es definido como un marco diseñado para explorar la dinámica entre identidades coexistentes y sistemas conectados de opresión. 

Más tarde, Patricia Hill Collins resaltó que múltiples formas de opresión se conectan para formar una «matriz de dominación» y que las identidades y las jerarquías se superponen, por las cuales se mantiene el desequilibrio estructural de poder.

Los animales no humanos son oprimidos por su especie bajo el sistema especista, dominado por el colectivo privilegiado formado por los animales humanos. Éstos son discriminados por su supuesta inferioridad basada en sus capacidades, lo mismo ocurre en el caso del capacitismo que se define como la creencia de que algunas capacidades son intrínsecamente más valiosas, y que, quienes las poseen son mejores que el resto. Que existen unos cuerpos capacitados y otros “no capacitados”, unos tienen discapacidad y otros carecen de ella, siendo ésta una división muy clara.

Podemos hablar de tantos tipos de capacitismos como tipos de discapacidad existen como la discapacidad física, la intelectual, la visceral, la psíquica o social.

Las barreras físicas, psicológicas y económicas que crea la sociedad influyen en la dificultad que el colectivo disca experimenta a la hora de luchar por sus derechos, ya que siguen siendo excluídes del debate público y de la participación de la vida social y política. 

En los espacios políticos, el capacitismo es una de las opresiones más invisibilizadas de la lucha contra el sistema, se sigue hablando por elles y se sigue sin darles los espacios que les corresponden.

Muches activistas antiespecistas siguen perpetuando actitudes opresoras sin plantearse sus privilegios. Algunos comportamientos que deberíamos revisarnos son por ejemplo, creer que todes podemos ser veganes, utilizar lenguaje capacitista (“un bote, dos botes, especista el que no bote”), infravalorar el activismo en redes como si todes pudiésemos hacer acciones directas, exigir a les activistas por encima de sus posibilidades o incluso criticar a activistas por su falta de participación (no todes podemos luchar de la misma manera), asumir que todas las discapacidades son visibles o creer que todes tenemos las mismas capacidades físicas, cognitivas, psicológicas o sociales.

Por no hablar de la falta de accesibilidad que viven desde el movimiento en las acciones o manifestaciones, posts o noticias en redes sin subtitular o describir o contenido sensible en redes sin “trigger warning o avisos de contenido”.

Es nuestro deber como activistas el revisar nuestros privilegios, estar en constante aprendizaje y deconstrucción ante cualquier tipo de opresión y no sentirnos cuestionades u ofendides cuando nuestres compañeres corrigen nuestras actitudes opresoras.

Luchemos por un movimiento antiespecista interseccional e inclusivo.

@unconditionluvvv

Una vez, hablando con un ganadero

“Una vez, hablando con un ganadero de extensivo, miró a una de nosotras a los ojos y le dijo: “yo quiero mucho a mis animales, todos tienen un nombre, y cuando los degüello pongo mucha atención en hacerlo bien”. El antiespecismo es la ideología que afirma que “degollar” y “amar” no pueden ir en la misma frase, el veganismo es la práctica de esa ideología. Que amar no es dañar lo hemos aprendido del feminismo, como tantas otras cosas.

Mirad. Nosotras no repartimos ni quitamos carnets de feminista, el feminismo no funciona así. No es un club del que se pueda entrar o salir con una credencial. Nosotras, lo que hacemos es poner sobre la mesa una contradicción: cuidar no es dañar.

Nuestra especie piensa que es esencial para la supervivencia del planeta, aunque los hechos muestren lo contrario. Esto nos recuerda como otro ganadero de extensivo nos dijo que él era un gestor de la naturaleza, que gracias a él parían las vacas, porque la inmovilización las obligaba a estarse quietas para la inseminación. “Si ella quiere, ¿por qué la atas?”, preguntamos. “Porque así no se resiste, no puede huir”. Eso no es amar, no es cuidar.”

Extracto del texto de Eva Benet, como respuesta del Col·lectiu Feministes Antiespecistes a la carta de Ramaderes de Catalunya (Ganaderas de Catalunya), publicada en la sección “Tribuna abierta” de eldiario.es, el 25/03/2019.

Texto completo

Somos Feministes Antiespecistes. Hola. Hemos leído vuestra carta con mucha atención. Nos gustaría contestaros y exponer nuestros argumentos, lo más brevemente posible. Antes que nada, nos presentamos: somos un colectivo de mujeres de València y de L’Horta, somos mujeres de muy distinta procedencia, somos asamblearias, precarias en su mayoría. No recibimos ningún tipo de subvención pública, nos auto-financiamos como podemos.  Nuestro colectivo tiene como ejes vertebradores el feminismo y el antiespecismo, denunciamos y nos enfrentamos a los procesos de cosificación y a las lógicas de dominación, a todas, también a las que van más allá de la especie.  Vincular feminismo y derechos animales no es algo nuevo, existe una conexión histórica, con mujeres como protagonistas mayoritarias.

Con vuestro escrito hemos ido de sorpresa en sorpresa, la verdad.  Lo primero que nos llama la atención es esa idea de apropiación del mundo rural, tantas veces escuchada a cazadores y taurinos. No. En nuestro colectivo hay mujeres de entornos rurales. La realidad del mundo rural no nos es ajena. Conocemos las dificultades de acceso a los centros sanitarios, la falta de oportunidades, la amenaza de despoblación, los problemas de transporte, la falta de escuelas, los estereotipos y la discriminación.  Los conocemos nosotras y también las mujeres antiespecistas que viven en entornos rurales. Las que trabajan la tierra. Las que ponen en marcha cooperativas que no dañan. También las mujeres de los Santuarios, esas que se enfrentan cada día a las escopetas y a los cuchillos, las que rescatan animales del desvieje, crías abandonadas a su suerte, las que dan una oportunidad a hembras etiquetadas como “desecho”, porque así las llama esa ganadería extensiva que las dice querer tanto: desecho. 

Así que esto no es un enfrentamiento del mundo urbano contra el rural.  Lo que estamos planteando es si la explotación animal es legítima o no lo es. Estamos planteando si está bien utilizar otros cuerpos, hacerlos parir, para comercializar con sus crías (que se pueden reservar mediante un cómodo mensaje de whatsapp).  Y, una vez que las madres ya no pueden más, ya no son rentables, se llama al camión que las lleva al matadero. Allí ya sabemos lo que pasa, lo que les hacen. Hay grabaciones.

Una vez, hablando con un ganadero de extensivo, miró a una de nosotras a los ojos y le dijo: “yo quiero mucho a mis animales, todos tienen un nombre, y cuando los degüello pongo mucha atención en hacerlo bien”. El antiespecismo es la ideología que afirma que “degollar” y “amar” no pueden ir en la misma frase, el veganismo es la práctica de esa ideología.  Que amar no es dañar lo hemos aprendido del feminismo, como tantas otras cosas.

Mirad. Nosotras no repartimos ni quitamos carnets de feminista, el feminismo no funciona así. No es un club del que se pueda entrar o salir con una credencial.  Nosotras, lo que hacemos es poner sobre la mesa una contradicción: cuidar no es dañar.

Nuestra especie piensa que es esencial para la supervivencia del planeta, aunque los hechos muestren lo contrario. Esto nos recuerda como otro ganadero de extensivo nos dijo que él era un gestor de la naturaleza, que gracias a él parían las vacas, porque la inmovilización las obligaba a estarse quietas para la inseminación. “Si ella quiere, ¿por qué la atas?”, preguntamos.  “Porque así no se resiste, no puede huir”. Eso no es amar, no es cuidar.

Escribís sobre la teoría marxista. Bueno, nosotras también tenemos conciencia de clase. La historia de nuestra especie está llena de testimonios de personas sobre las que se ha ejercido violencia extrema, que han sido privadas de todo, hasta de su identidad.  En muchos casos por el gran capital, pero en otros por personas blancas y occidentales que, simplemente, tenían el poder de explotarlas, personas blancas y occidentales que no eran, en algunos casos, especialmente ricas. 

Alguna de nosotras conoce muy de cerca la realidad de las empleadas de hogar.  Alguna de nosotras sabe qué es ser despedida por pedir, simplemente, un salario justo después de años de cuidado y jornadas sin horario.  Entonces, ¿no hay explotación porque quien explota no va a hacer una fortuna en base al trabajo de otra, dentro del hogar?, ¿por qué quien explota es progresista y tiene en sus estanterías obras de Simone de Beauvoir?, ¿es necesario tener una cuenta de pérdidas y ganancias para explotar?, ¿o cómo va esto?

Nosotras afirmamos que no hay nada más capitalista que explotar el cuerpo de alguien hasta hacerlo enfermar y, una vez que ya no es rentable, obtener el último beneficio con su muerte. Por eso el modelo alimentario vegano es la única alternativa, no sólo de no violencia, también para un planeta sistemáticamente expoliado para producir alimentos para el ganado.  El veganismo, como afirman tantos estudios independientes (Universidad de Oxford, 2016), salvará el planeta.

No, la ganadería no es indispensable.  La ganadería es dañina. No sólo para los animales, también para el planeta (agua, suelos, biodiversidad). Esconderse detrás de la realidad de mujeres, que viven en una situación de pobreza extrema, para justificar las explotaciones ganaderas occidentales extensivas, cuyo público es una minoría selecta que puede pagar los precios del extensivo, no sólo es injusto, es cruel. Insinuáis que somos blancas occidentales acomodadas, cuando son precisamente las mujeres que han visto sus territorios expoliados por Occidente las que se levantan para decir basta, las que rechazan la relación de dominación occidental con los animales en la que, casualmente, nuestra especie siempre está en el lado ganador.

También nos sorprende que citéis los incendios y la ganadería como salvaguarda de la tierra, cuando una simple búsqueda de hemeroteca relaciona incendios forestarles y señala a la ganadería como responsable.  En el medio en que publicáis: “Ni psicópatas ni terroristas: incendios como los de Cantabria buscan pasto para ganado (y dinero)”, artículo de Raúl Rejón, 19/02/2019. Hay mucha más información para realizar una búsqueda de datos históricos, pero con rigor.

            No queremos hacer esta respuesta muy larga. Nos pedís una reflexión, nos invitáis a un debate. Nosotras aceptamos. Sólo tenemos una condición: cuando dos posiciones enfrentadas se sientan a dialogar, se decreta un periodo de tregua. Os pedimos eso: una tregua para los animales. Sin partos forzados, sin pedidos de crías por whatsapp, sin hembras de desvieje y desecho, sin cuchillos, sin envíos al matadero.

Nuestra mano está tendida.  Un saludo.

Feminismo. Cita

Si nos tomamos en serio la Liberación Animal, debemos trabajar por la liberación de todos los animales, los humanos y los no-humanos. Si nos tomamos en serio el feminismo, debemos rechazar el especismo tanto como rechazamos el sexismo.

pattrice jones

Sexismo-Feminismo

La idea de que los demás animales existen para nuestro beneficio ahonda sus raíces en el mismo principio ideológico de la dominación sobre las mujeres y que éstas existen para uso de los hombres.

Todos los seres sintientes tenemos nuestros propios intereses, una vida autónoma e independiente. Sostener que un ser debe su existencia únicamente para servir a otro se aleja del principio de igualdad que defienden los feminismos.

La condición de seres racionales que tenemos las humanas nos convierte en agentes morales. Es nuestro deber moral respetar al resto de seres sintientes que no sólo poseen capacidad de sentir, sino que además, tienen intereses propios. Y ni sexo, género, raza, orientación, identidad sexual o especie han de considerarse relevantes para ejercer o merecer ningún tipo de discriminación u opresión.

Cuando las feministas exigimos el respeto hacia nuestros cuerpos nos basamos en que somos alguien. Somos personas por nosotras mismas, no para, de ni por nadie. Y aquí es donde se establece el puente. Si nos posicionamos en contra de la instrumentalización de las mujeres, de la explotación y la violencia cotidianas que se ejercen sobre nuestros cuerpos, es casi una obligación moral hacerlo contra la violencia y la explotación hacia cualquier ser sintiente. No es ético jerarquizar, cosificar, instrumentalizar a los demás animales basándonos en los principios contra los que luchamos. Siguiendo el juego a quienes establecieron las reglas de opresión contra nosotras.

La explotación animal se basa en la consideración que les damos de medios, de recursos. No tenemos en cuenta sus intereses. Ni su consentimiento. Y desde esa perspectiva los utilizamos a nuestro antojo y conveniencia. Son nuestros.

Tanto feminismo como antiespecismo defienden que mujeres y animales no humanos han de tratarse como sujetos con derechos iguales, inalienables e intransferibles. Por lo tanto, sexismo y especismo son prejuicios que van de la mano, con la misma estructura ideológica. El sexismo, gracias a la lucha incansable de las feministas, está rechazado en los niveles más conscientes de la sociedad. El especismo es una forma de discriminación asumida y apoyada por la práctica totalidad de la humanidad.

Como feministas debemos abordar el especismo como una forma igual de injusta que el sexismo que discrimina a individuos con intereses propios y con capacidad de sentir y disfrutar. Debemos luchar no contra la percepción de las mujeres como animales sino contra la cosificación y mercantilización de seres que son moralmente considerables. La pertenencia a una determinada especie, al igual que a un sexo determinado, no condiciona nuestra capacidad de sentir, de sufrir, por lo que participar del actual sistema de cosas resulta injusto e innecesario. Si buscamos la igualdad, debemos favorecer a quienes se encuentran peor, ya sean humanos o no humanos. La lucha por la igualdad feminista debe ser antiespecista.

¿Qué es el carnismo?

Carnismo es la ideología o sistema invisible de creencias que nos condiciona a comer ciertos animales. Es un concepto acuñado por Melanie Joy, autora de Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas.

«El carnismo nos enseña a no pensar, a no sentir nada hacia estos animales. Comer carne se considera un hecho, no una elección”. Se sustenta en las tres “n”: Normal, Natural, Necesario. Es lo opuesto a veganismo. «Carn” significa “carne” o “de la carne” e “ismo” se refiere a un sistema de creencias. Cuando comer animales no es una necesidad es una elección y las elecciones proceden de creencias. El carnismo es, pues, un sistema de creencias dominante «siempre se ha hecho así» y de extrema violencia hacia los animales considerados comida en cada cultura (incluidos huevos, leche y miel). Es, por tanto, un sistema de opresión alentado por un ejercicio injusto de poder, basado en el especismo antropocéntrico.

Defensas del carnismo (todos los sistemas de opresión tienen sus defensas, invisibles y naturalizadas):

  1. Negación: Lo que no se nombra no existe. Ni se nombra el carnismo ni se nombra a las víctimas.
  2. Justificación: las 3 «n».
  3. Distorsiones cognitivas: creamos categorías rígidas (animales que se comen) y los cosificamos (pechuga, contramuslo, filete).

¿Por qué es tan importante visibilizar el carnismo? Porque comer animales no es una cuestión personal ni pertenece al ámbito de lo privado, sino que responde al conjunto de ideas y presupuestos creados por este. Hacerlo visible, cuestionarlo, presentar alternativas (el veganismo), es labor del activismo antiespecista.

Antiespecismo. Cita

En el caso del antiespecismo, parece necesario recordar, el objetivo es la justicia entre todos los individuos independientemente de su especie y no, como sugieren ciertas posiciones, la justicia para los animales no humanos. Por consiguiente, nuestras decisiones deben necesariamente incluir la valoración sobre cómo nuestras acciones promueven u obstaculizan la justicia entre seres humanos.

Catia Faria en Pikara Magazine: Antiespecismo y protestas antirracistas: una nota desde el privilegio blanco.