¿Clasista? Pero si soy antiespecista

La primera vez que me llamaron clasista, que cuestionaron mi posicionamiento anticapitalista, fue por el hecho de ser vegana, y fue en una organización de clase, en la que llevaba años militando. A mi indignación inicial le siguió un período de reflexión. ¿Qué mensaje estábamos haciendo llegar para ser consideradas burguesía acomodada? La respuesta estaba en el capitalismo. El capitalismo lo asimila todo. Y eso supone despolitizar el veganismo, y hacerlo inofensivo para los intereses capitalistas. Hoy, nos bombardean con opciones culinarias 100% vegetales, que se alejan de la ideología política: el antiespecismo, para convertirnos en un suculento nicho de mercado. Y no nos vamos a engañar, muchas veganas están encantadas de haberse conocido, de poder hablar desde las tribunas de la moralidad, mientras consumen el último producto fabricado por alguna multinacional, y alardean de activismo pensando que el “cambio” en el producto consumido es transformador en alguna medida.

Ahí estaba la clave del porqué me miraban de reojo y con desconfianza, cuando hablaba de veganismo, condenándolo por considerar que es una ideología burguesa al servicio del capital, que nos desvirtúa de la auténtica lucha, la lucha de clase. Y es que, convertir el veganismo en un estilo de vida, en una opción saludable, en una moda, o en un objeto de consumo, supone despojarlo de su contenido político y crítico. Supone desconectarlo de otras opresiones, que no son, en absoluto, antagónicas. El antiespecismo es una causa política, y en este sentido, ha de ser vinculado con el resto de causas políticas que luchan contra la opresión. En caso contrario, perderemos toda credibilidad, y lo que es más importante, toda coherencia. 

Desde el antiespecismo no podemos hacer un discurso desde el que les decimos a quienes no «pueden entenderlo» lo que está bien o mal, o como su situación de explotación no es para tanto si lo comparamos con el animal asesinado que hay detrás de las salchichas de un euro que tienen que tragar para sobrevivir. 

Pero tampoco podemos creer que hay determinadas personas (o clases) que, con sus problemas económicos ya tienen bastante como para politizar sus comidas, porque esto es paternalista y doblemente clasista, (esos, los otros, no pueden ser receptores del mensaje por carecer de posibilidades de entender nuestros avanzados pensamientos), ya que de algún modo le otorgamos al antiespecismo y lo que representa la categoría de privilegio. Y no lo es.

No sé cuántas veces, en cuantas asambleas, en cuantas reuniones, en cuantas manifestaciones, en cuantos encuentros, se me ha señalado por pretender abolir toda opresión, ampliando nuestra consideración de justicia a todas las especies, (y esto vale para las organizaciones veganas y para las de clase), ignorando en ambos casos, entre otras cosas, que estaba ahí, en el mismo lugar de quien señala con recelo, en cada batalla, en cada grito contra la injusticia. 

Y que de eso se trata. Nuestro objetivo debe ser el fin de la opresión y la liberación de las oprimidas sea cual sea su origen. De raza, de clase, de género, de especie… y empezar a enfocarse en el sistema que da lugar a cada una de esas opresiones.

@bebeveg

Imagen: Dos personas en una manifestación antiespecista portando bandera negra con texto animal liberation human liberation, y dibujo de estrella de cinco puntas con puño humano y mano de perro.