Noviembre Antiespecista: por qué ahora, por qué esta lucha

Al grito incontenible de “Respeto y libertad para los animales. Luchemos hasta el fin del especismo”, el próximo sábado 2 de noviembre tendrá lugar en Madrid la segunda Manifestación Noviembre Antiespecista organizada por el colectivo del mismo nombre, formado por varios grupos e individualidades antiespecistas de la capital. La quedada es en Plaza de España a las 17:00 horas.

Pero no se trata de convocar una marcha local, sino de mucho más: “Al igual que el año pasado, buscamos que vengan activistas de todo el Estado, no solo de Madrid. Una manifestación es una demostración de fuerza y solo siendo miles se logra visibilizarla”, explican desde Noviembre Antiespecista. “Por eso”, añaden, “es tan importante asistir: desde aquí hacemos un llamamiento no solo a las activistas, sino también a las personas veganas y a aquellas que estén en proceso de dar el paso.”

No existe una fórmula del éxito para los lemas, pero el del 2N habla de algo que otras reivindicaciones, como las antitaurinas, pasan por alto: “Pedir respeto y libertad para los animales, para todos ellos, significa estar en contra de cualquier de explotación, no solo de algunas. Pues eso también es especismo.”

A grandes rasgos, el especismo podría definirse como un sistema de creencias que sostiene que los animales humanos son superiores al resto. Y que, por ello, tienen derecho a dominar y explotar a las otras especies en su beneficio. Para justificar esa supuesta superioridad, se utilizan los mismos argumentos biológicos, culturales o históricos que a lo largo de los siglos se han empleado para legitimar otras discriminaciones, a menudo interrelacionadas. Por ello, la lucha antiespecista es también una lucha transversal. Dentro de la escala especista, al igual que en la racista, la machista o la tránsfoba, no todas las víctimas se sitúan en el mismo lugar. Así, una persona especista puede querer mucho a su perro, e incluso posicionarse como antitaurina, pero al mismo tiempo comer carne de cerdo o calzar zapatos de piel de vaca mientras rechaza los abrigos de visón. El especismo se aprende; y la sociedad impone las lecciones.

En la práctica antiespecismo y veganismo se identifican y, ya de base, ambos parten de una perspectiva abolicionista y no bienestarista. En palabras de las organizadoras del 2N: “Ya hay una legislación bienestarista que, además de ser insuficiente a todos los niveles, no se cumple. La única manera de que esto cambie es que cambie la clasificación de los animales como propiedad y que se les reconozca como individuos de pleno derecho. No queremos jaulas más grandes sino el fin de las jaulas: por eso somos abolicionistas.”

Más allá de una fecha
El 5 de noviembre de 2016, la Asamblea Antiespecista de Madrid organizó una primera marcha antiespecista en la ciudad, que se repitió al año siguiente. Noviembre Antiespecista tomó el relevo el 3 de noviembre de 2018. Con cada vez más grupos implicados, y con cada vez más voces alzándose en las calles por la liberación animal, en el 2N se espera una asistencia masiva. También hay previstas manifestaciones antiespecistas (independientes a la de Madrid) en Bilbao (1N) y en Montevideo (5N). 

La elección de estas fechas no es casual. El 1 de noviembre se celebra el Día Mundial del Veganismo y, en torno a su órbita, las convocatorias se mueven más rápido y con mucha más fuerza. Desde Noviembre Antiespecista, destacan además otro evento: el de la Plataforma NAC (NoAlaCaza).

Pero ¿qué balance hace el colectivo de las citas anteriores? “Si algo han conseguido estas marchas es, definitivamente, impulsar el compromiso a largo plazo y la lucha antiespecista local, ayudando a que las activistas vuelvan a sus barrios, pueblos y comunidades con la energía suficiente para seguir luchando por un mundo de respeto y libertad para los animales”, afirman.

El colectivo Noviembre Antiespecista lleva trabajando en esta convocatoria desde principios de verano. A lo largo de este tiempo, “se ha debatido mucho y tomado decisiones asamblearias sobre las formas de difusión del evento, el recorrido de la manifestación o los lemas para llegar al mayor número de personas posible. Son ya varios meses de trabajo, con mucho esfuerzo e ilusión para dar a conocer la causa”. En el proceso, los grupos también aprenden los unos de los otros bajo la premisa de la horizontalidad. Porque la de liberación animal es una revolución sin imperativos, en constante movimiento, que ni se limita ni se lidera. Dentro de todas las opciones de activismo que existen, cada persona ha de encontrar su propio camino. “Lo que mejor encaje contigo será también lo que más ayude a los animales: no todo el mundo puede irse a la puerta de un matadero a hacer vigilia, pero hay quienes sí; a otras personas se les da bien concienciar mediante la performance callejera, o coordinar rescates, o entrar en las granjas para denunciar la situación. Por tanto, no existe un solo activismo. Hay millones de formas de ayudar a los animales y muchas aún están por inventar.”

El pulpo de la conciencia
El símbolo de este año es un pulpo. Olvidado y denostado en casi todas las culturas, el pulpo apela a todo aquello que el antiespecismo combate. El pulpo de Noviembre Antiespecista le da un puñetazo en la cara, y a ocho manos, al sistema, señalándole sus contradicciones e injusticias.

Para las organizadoras de Noviembre Antiespecista “es importante reseñar que la sociedad es especista también entre las propias especies animales, ya que no se considera igual a un mono que a un perro, o a una gata que a una cerda, ni por supuesto a un vertebrado que a un invertebrado. El especismo es una discriminación injusta basada en diferencias arbitrarias. El movimiento de liberación animal enmarca cada vez más al especismo como un sistema de poder al que combatir no solo de forma individual en la vida cotidiana desde la adopción del veganismo, sino también de forma colectiva y social mediante el activismo.

En 2017, más de 850 millones de animales fueron asesinados en los mataderos estatales. Alrededor de 140.000 son abandonados al año. 9.000 mueren por cebos envenenados. 70.000 toros son torturados hasta la muerte en festejos taurinos. Si sumamos todos los datos disponibles a nivel mundial, la cifra alcanza billones.

Billones de vidas arrebatadas por manos humanas que, para Noviembre Antiespecista, “ya de por sí constituyen un verdadero holocausto animal, pero¿sabemos cuántos animales mueren al año por culpa del plástico en el mar, del que un 48% proviene de redes de pesca? Tampoco pueden establecerse cálculos exactos acerca de las prácticas pesqueras. ¿Y cuántos animales silvestres desaparecen a causa de los abusos infligidos a los ecosistemas por la agricultura industrial? El número de víctimas real es incalculable. ”

Un poco de contexto
El origen del movimiento antiespecista en el estado español se remonta a los años 80 y está estrechamente ligado al anarquismo y a la acción okupa. Coincidiendo con las huelgas de estudiantes de 1986, unas cuantas personas que se dedicaban a traer y a traducir materiales de fuera (sobre todo procedentes de Reino Unido) iniciaron la lucha repartiendo folletos en las puertas de los actos de los colectivos anarquistas. También se impartían talleres, se daban charlas y se organizaban conciertos y programas de radio especiales. Incluso se editó un fanzine.

En 1991 abrió el primer comedor vegano; y en 1993 se fundó la primera asociación vegana. Más allá de esto, empezaron las incursiones de acción directa en granjas, mataderos, laboratorios y otros lugares de explotación animal como instalaciones de caza. Esta actividad se relaciona con el Animal Liberation Front (ALF), fundado en los 70 en Inglaterra, que cada vez contaba con más células internacionales. Hoy, la organización engloba una enorme red de activistas. Sin embargo, por su propia naturaleza descentralizada y clandestina, sin una estructura como tal, y a consecuencia de la denominación legal delictiva de los actos de liberación animal, los nombres de las mujeres y de los hombres que los protagonizan se mantienen en el anonimato.

El antiespecismo en 2019
2019 ha sido un año clave para el antiespecismo. Gracias, en parte, al volumen de acciones nuevas que se han llevado a cabo. Las redes sociales ayudan a difundir el mensaje; lo amplían y elevan del centro hacia fuera, de un modo expansivo que, con cada nuevo click, crece y crece. Los grupos también se diversifican y especializan, pero sin perder nunca el punto de conexión con la causa común.

La apertura del macromatadero de Binéfar (Huesca), que ya se encuentra en activo y donde son asesinados hasta 32.000 cerdos al día, ha supuesto la creación de la plataforma Stop Macromatadero Binéfar, con un campamento instalado durante meses a las puertas de las instalaciones y numerosas protestas en señal de rechazo. Los grupos se unieron en una sola proclama antiespecista para pedir que se parara su apertura.

Por otro lado, la crisis climática y la lucha medioambiental que conlleva han situado el foco sobre el veganismo. Así lo ven en Noviembre Antiespecista: “Este año, hay alarma por el clima y la gente se echa las manos a la cabeza, e intenta salvar el planeta cerrando el grifo mientras se lava los dientes o sustituyendo las bolsas de plástico por las de papel en los supermercados. Pero muy pocas personas entienden que la ganadería industrial es la principal causa de la crisis climática, por encima del transporte o de otros sectores altamente contaminantes.”

A lo que concluyen: “Luchemos por que más personas de nuestro alrededor hagan la conexión, por que entiendan que todas somos seres de la Tierra, que nosotras le pertenecemos a ella y no ella a nosotras; y que los animales no humanos tienen el mismo derecho y deseo de vivir que los animales humanos.”

Mila García Nogales

En este artículo de El Salto exponen parte del texto.