Sexismo-Feminismo

La idea de que los demás animales existen para nuestro beneficio ahonda sus raíces en el mismo principio ideológico de la dominación sobre las mujeres y que éstas existen para uso de los hombres.

Todos los seres sintientes tenemos nuestros propios intereses, una vida autónoma e independiente. Sostener que un ser debe su existencia únicamente para servir a otro se aleja del principio de igualdad que defienden los feminismos.

La condición de seres racionales que tenemos las humanas nos convierte en agentes morales. Es nuestro deber moral respetar al resto de seres sintientes que no sólo poseen capacidad de sentir, sino que además, tienen intereses propios. Y ni sexo, género, raza, orientación, identidad sexual o especie han de considerarse relevantes para ejercer o merecer ningún tipo de discriminación u opresión.

Cuando las feministas exigimos el respeto hacia nuestros cuerpos nos basamos en que somos alguien. Somos personas por nosotras mismas, no para, de ni por nadie. Y aquí es donde se establece el puente. Si nos posicionamos en contra de la instrumentalización de las mujeres, de la explotación y la violencia cotidianas que se ejercen sobre nuestros cuerpos, es casi una obligación moral hacerlo contra la violencia y la explotación hacia cualquier ser sintiente. No es ético jerarquizar, cosificar, instrumentalizar a los demás animales basándonos en los principios contra los que luchamos. Siguiendo el juego a quienes establecieron las reglas de opresión contra nosotras.

La explotación animal se basa en la consideración que les damos de medios, de recursos. No tenemos en cuenta sus intereses. Ni su consentimiento. Y desde esa perspectiva los utilizamos a nuestro antojo y conveniencia. Son nuestros.

Tanto feminismo como antiespecismo defienden que mujeres y animales no humanos han de tratarse como sujetos con derechos iguales, inalienables e intransferibles. Por lo tanto, sexismo y especismo son prejuicios que van de la mano, con la misma estructura ideológica. El sexismo, gracias a la lucha incansable de las feministas, está rechazado en los niveles más conscientes de la sociedad. El especismo es una forma de discriminación asumida y apoyada por la práctica totalidad de la humanidad.

Como feministas debemos abordar el especismo como una forma igual de injusta que el sexismo que discrimina a individuos con intereses propios y con capacidad de sentir y disfrutar. Debemos luchar no contra la percepción de las mujeres como animales sino contra la cosificación y mercantilización de seres que son moralmente considerables. La pertenencia a una determinada especie, al igual que a un sexo determinado, no condiciona nuestra capacidad de sentir, de sufrir, por lo que participar del actual sistema de cosas resulta injusto e innecesario. Si buscamos la igualdad, debemos favorecer a quienes se encuentran peor, ya sean humanos o no humanos. La lucha por la igualdad feminista debe ser antiespecista.