Una vez, hablando con un ganadero

“Una vez, hablando con un ganadero de extensivo, miró a una de nosotras a los ojos y le dijo: “yo quiero mucho a mis animales, todos tienen un nombre, y cuando los degüello pongo mucha atención en hacerlo bien”. El antiespecismo es la ideología que afirma que “degollar” y “amar” no pueden ir en la misma frase, el veganismo es la práctica de esa ideología. Que amar no es dañar lo hemos aprendido del feminismo, como tantas otras cosas.

Mirad. Nosotras no repartimos ni quitamos carnets de feminista, el feminismo no funciona así. No es un club del que se pueda entrar o salir con una credencial. Nosotras, lo que hacemos es poner sobre la mesa una contradicción: cuidar no es dañar.

Nuestra especie piensa que es esencial para la supervivencia del planeta, aunque los hechos muestren lo contrario. Esto nos recuerda como otro ganadero de extensivo nos dijo que él era un gestor de la naturaleza, que gracias a él parían las vacas, porque la inmovilización las obligaba a estarse quietas para la inseminación. “Si ella quiere, ¿por qué la atas?”, preguntamos. “Porque así no se resiste, no puede huir”. Eso no es amar, no es cuidar.”

Extracto del texto de Eva Benet, como respuesta del Col·lectiu Feministes Antiespecistes a la carta de Ramaderes de Catalunya (Ganaderas de Catalunya), publicada en la sección “Tribuna abierta” de eldiario.es, el 25/03/2019.

Texto completo

Somos Feministes Antiespecistes. Hola. Hemos leído vuestra carta con mucha atención. Nos gustaría contestaros y exponer nuestros argumentos, lo más brevemente posible. Antes que nada, nos presentamos: somos un colectivo de mujeres de València y de L’Horta, somos mujeres de muy distinta procedencia, somos asamblearias, precarias en su mayoría. No recibimos ningún tipo de subvención pública, nos auto-financiamos como podemos.  Nuestro colectivo tiene como ejes vertebradores el feminismo y el antiespecismo, denunciamos y nos enfrentamos a los procesos de cosificación y a las lógicas de dominación, a todas, también a las que van más allá de la especie.  Vincular feminismo y derechos animales no es algo nuevo, existe una conexión histórica, con mujeres como protagonistas mayoritarias.

Con vuestro escrito hemos ido de sorpresa en sorpresa, la verdad.  Lo primero que nos llama la atención es esa idea de apropiación del mundo rural, tantas veces escuchada a cazadores y taurinos. No. En nuestro colectivo hay mujeres de entornos rurales. La realidad del mundo rural no nos es ajena. Conocemos las dificultades de acceso a los centros sanitarios, la falta de oportunidades, la amenaza de despoblación, los problemas de transporte, la falta de escuelas, los estereotipos y la discriminación.  Los conocemos nosotras y también las mujeres antiespecistas que viven en entornos rurales. Las que trabajan la tierra. Las que ponen en marcha cooperativas que no dañan. También las mujeres de los Santuarios, esas que se enfrentan cada día a las escopetas y a los cuchillos, las que rescatan animales del desvieje, crías abandonadas a su suerte, las que dan una oportunidad a hembras etiquetadas como “desecho”, porque así las llama esa ganadería extensiva que las dice querer tanto: desecho. 

Así que esto no es un enfrentamiento del mundo urbano contra el rural.  Lo que estamos planteando es si la explotación animal es legítima o no lo es. Estamos planteando si está bien utilizar otros cuerpos, hacerlos parir, para comercializar con sus crías (que se pueden reservar mediante un cómodo mensaje de whatsapp).  Y, una vez que las madres ya no pueden más, ya no son rentables, se llama al camión que las lleva al matadero. Allí ya sabemos lo que pasa, lo que les hacen. Hay grabaciones.

Una vez, hablando con un ganadero de extensivo, miró a una de nosotras a los ojos y le dijo: “yo quiero mucho a mis animales, todos tienen un nombre, y cuando los degüello pongo mucha atención en hacerlo bien”. El antiespecismo es la ideología que afirma que “degollar” y “amar” no pueden ir en la misma frase, el veganismo es la práctica de esa ideología.  Que amar no es dañar lo hemos aprendido del feminismo, como tantas otras cosas.

Mirad. Nosotras no repartimos ni quitamos carnets de feminista, el feminismo no funciona así. No es un club del que se pueda entrar o salir con una credencial.  Nosotras, lo que hacemos es poner sobre la mesa una contradicción: cuidar no es dañar.

Nuestra especie piensa que es esencial para la supervivencia del planeta, aunque los hechos muestren lo contrario. Esto nos recuerda como otro ganadero de extensivo nos dijo que él era un gestor de la naturaleza, que gracias a él parían las vacas, porque la inmovilización las obligaba a estarse quietas para la inseminación. “Si ella quiere, ¿por qué la atas?”, preguntamos.  “Porque así no se resiste, no puede huir”. Eso no es amar, no es cuidar.

Escribís sobre la teoría marxista. Bueno, nosotras también tenemos conciencia de clase. La historia de nuestra especie está llena de testimonios de personas sobre las que se ha ejercido violencia extrema, que han sido privadas de todo, hasta de su identidad.  En muchos casos por el gran capital, pero en otros por personas blancas y occidentales que, simplemente, tenían el poder de explotarlas, personas blancas y occidentales que no eran, en algunos casos, especialmente ricas. 

Alguna de nosotras conoce muy de cerca la realidad de las empleadas de hogar.  Alguna de nosotras sabe qué es ser despedida por pedir, simplemente, un salario justo después de años de cuidado y jornadas sin horario.  Entonces, ¿no hay explotación porque quien explota no va a hacer una fortuna en base al trabajo de otra, dentro del hogar?, ¿por qué quien explota es progresista y tiene en sus estanterías obras de Simone de Beauvoir?, ¿es necesario tener una cuenta de pérdidas y ganancias para explotar?, ¿o cómo va esto?

Nosotras afirmamos que no hay nada más capitalista que explotar el cuerpo de alguien hasta hacerlo enfermar y, una vez que ya no es rentable, obtener el último beneficio con su muerte. Por eso el modelo alimentario vegano es la única alternativa, no sólo de no violencia, también para un planeta sistemáticamente expoliado para producir alimentos para el ganado.  El veganismo, como afirman tantos estudios independientes (Universidad de Oxford, 2016), salvará el planeta.

No, la ganadería no es indispensable.  La ganadería es dañina. No sólo para los animales, también para el planeta (agua, suelos, biodiversidad). Esconderse detrás de la realidad de mujeres, que viven en una situación de pobreza extrema, para justificar las explotaciones ganaderas occidentales extensivas, cuyo público es una minoría selecta que puede pagar los precios del extensivo, no sólo es injusto, es cruel. Insinuáis que somos blancas occidentales acomodadas, cuando son precisamente las mujeres que han visto sus territorios expoliados por Occidente las que se levantan para decir basta, las que rechazan la relación de dominación occidental con los animales en la que, casualmente, nuestra especie siempre está en el lado ganador.

También nos sorprende que citéis los incendios y la ganadería como salvaguarda de la tierra, cuando una simple búsqueda de hemeroteca relaciona incendios forestarles y señala a la ganadería como responsable.  En el medio en que publicáis: “Ni psicópatas ni terroristas: incendios como los de Cantabria buscan pasto para ganado (y dinero)”, artículo de Raúl Rejón, 19/02/2019. Hay mucha más información para realizar una búsqueda de datos históricos, pero con rigor.

            No queremos hacer esta respuesta muy larga. Nos pedís una reflexión, nos invitáis a un debate. Nosotras aceptamos. Sólo tenemos una condición: cuando dos posiciones enfrentadas se sientan a dialogar, se decreta un periodo de tregua. Os pedimos eso: una tregua para los animales. Sin partos forzados, sin pedidos de crías por whatsapp, sin hembras de desvieje y desecho, sin cuchillos, sin envíos al matadero.

Nuestra mano está tendida.  Un saludo.